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El Rayo derrota a Hulk

2012 agosto 6
por calle-5

El atletismo tiene la oportunidad de sacar pecho cada cuatro años. Y ha llegado el momento, pues, de reclamar más apoyo para un deporte cada día más marginado y arrinconado en la parrilla de Televisión Española. El ente público decidió ayer emitir en La1 una película y desplazar el atletismo y la final de los 100 metros, el gran momento de los Juegos Olímpicos, a Teledeporte. Muchos dirán que hoy en día da igual. Que es lo mismo pulsar un número del mando a distancia que otro. Pero no es así. En España, aunque parezca increíble, hay gente que aún no puede sintonizar Teledeporte. Desgraciadamente es así.

Pero la fuerza del atletismo olímpico, que aún no sé en qué es tan diferente del que se celebra durante los otros años, quedó demostrada en las audiencias. El Rayo Bolt vapuleó a Hulk (la película que ofrecía el primer canal). La final de los 100 metros fue el minuto de oro del domingo. La audiencia, a las 22.52 horas, se impulsó hasta el 25,1 por ciento y más de tres millones y medio de espectadores. Y alguno podrá decir: “Claro, era la final de los 100 metros”, Pero la emisión completa no fue mucho peor. Su promedio fue de un 23,6% con 3,3 millones de personas viendo el atletismo. O sea, que el atletismo gusta. Sólo hay que tratarlo con cariño, como a todo, y presentarlo bien servido.

Yo crecí en una época en la que España no tenía Gasoles, Nadales ni Alonsos. Y recuerdo cada verano sentado delante de una televisión en la que se podían ver los grandes mítines del verano. Sé que pasarán los Juegos, que todo el mundo olvidará estas cifras de audiencia (como la imponente imagen del estadio de Stratford repleto de gente, 80.000 personas, a diario) y que el atletismo volverá al extrarradio de la programación. Una lástima. Hulk, en realidad, siempre acaba ganando.

Un 100 mide lo mismo en Móstoles que en Londres

2012 agosto 1
por calle-5

Ángel David Rodríguez, además de atleta y plusmarquista nacional de los 100 metros, es un hombre con ojo clínico para su deporte. El madrileño es de los que viajó en la primera tanda de la selección y antes de partir tuiteó un par de frases llenas de sustancia. “En mis primeros Juegos viví emociones. Ahora vamos a competir”. Muy significativa esta afirmación. Los Juegos brillan con tanta intensidad que te pueden deslumbrar. La historia está llena de atletas que se ganan la plaza y luego están lejos de su mejores prestaciones. Con estar en la gran cita les vale, una percepción que dice muy poco de su carácter competitivo.

Eso ha inspirado un mínimo debate sobre la conveniencia de seleccionar a atletas que hicieron la mínima en 2011. Muchos consideran que un año es mucho tiempo de margen para que ese mérito no caduque. Otros, atletas, claro, opinan que ceñirlo todo a la presente temporada es dejar las opciones del deportista en una especie de lotería. El debate no es más que eso, un debate. Lo que vale es la normativa y ésta permite hace la mínima con un año de antelación.

A Ángel David, el Pájaro, como se le conoce en el mundillo, le toca competir con algunas de las grandes estrellas de los Juegos, como Usain Bolt o Johan Blake. Su veteranía le permite mirar hacia otro lado y evitar, otra vez, ser deslumbrado. “¿Qué tengo que hacer? Lo de un día normal. Un 100 en JJOO no deja de ser eso, un 100. Mide lo mismo… Solo hay más ruido fuera”. El Pájaro únicamente tiene dos retos: acercarse a su plusmarca, al récord de España, y, entonces, avanzar todas las rondas que pueda.

Los atletas llegan a Londres en plena sequía de medallas. El viernes saldrán al estadio olímpico, pero que nadie busque en ellos a los salvadores. Soy de los que piensa que pueden volver con alguna medalla, pero es tremendamente complicado: ninguno parte en puesto de podio.

 

En atletismo, como en todo, soñar es gratis

2012 julio 26
por calle-5

El maratoniano Martín Fiz, que es perro viejo y conoce bien este deporte, lleva tiempo diciendo que si Kevin López se cuela en la final lo ve subido al podio. Martintxo dijo esto mucho antes de que el sevillano, ‘pies calientes’ que le llama Luismi Martín Berlanas, batiera el récord de España de los 800 que tenía Antonio Reina. Las medallas, queramos o no, serán siempre, para el gran público, para la gente que no sabe (ni tiene por qué) apreciar el matiz de cada individualidad, los parámetros para evaluar un deporte.

España no está en su mejor momento. En los anteriores Juegos volvió de Pekín con las manos vacías y un atleta de 38 años, Chuso García Bragado (cuarto en los 50 km marcha), como el mejor de todos. En los últimos Mundiales no fue mucho mejor. Natalia Rodríguez pescó una medalla de bronce y poco más. Los atletas se defienden, y con razón, argumentando que no estuvieron mal. Pero explícaselo al carnicero, que sabe que te gusta el atletismo y te martillea con la dichosa preguntita: “Qué, vaya desastre los atletas en las Olimpiadas esas (le llama así a Europeos, Mundiales o Juegos Olímpicos, sin distinción), ¿no?”. Ponte a contarle, mientras va cortando los filetes, que fulanito estuvo cerca de su marca, que las eliminatorias de 800 son una lotería o que los discóbolos son muy buenos, pero que los hay mejores.

Por eso creo que lo importante es que un atleta logre ilusionar a la gente. Luego, salvo que haga el ridículo o baje los brazos antes de tiempo, lo habrá intentado y su resultado será mejor o peor. Y eso viene al hilo de las últimas actuaciones de los españoles. Han encendido la esperanza de los aficionados, que ya daban por hecho de que, en Londres, ni una. Y es posible que el atletismo español no pesque ni una en Londres, pero nunca se sabe.

No hay ningún español en el podio virtual de los rankings mundiales del año. Pero el deporte, por suerte, aunque en el atletismo se aproxime mucho, no son matemáticas. Y uno, como es gratis y está harto de pensar en la prima de riesgo, en el paro y demás, se ilusiona a la mínima. Con el récord nacional de Kevin López (pocos atletas hay en España más espectaculares que él), que competirá en los 800 junto a dos amigos que también son excelentes: Reina y Marco. Con el de Berta Castells en martillo de hace unos días, una lanzadora que debutó como olímpica en Atenas y que, ocho años después, sigue mejorando sus registros, que son el techo de esta disciplina en España. O con Ruth Beitia, siempre fiable, siempre puntual, que el miércoles, en su segunda casa, en La Albericia, saltó dos metros y se equipara a las favoritas. Le quedan pocas semanas como saltadora de altura y merece, junto con su entrenador, Ramón Torralbo, una despedida a su altura, valga el juego.

Y ahí estarán otra vez los discóbolos, Pestano y Casañas, por si alguno falla. Pero solo por si alguno falla, que luego se olvida y la ausencia de medalla es un desastre. Y dos chicos, del 87 y del 90, Álvaro Rodríguez y David Bustos, a quienes sería una tropelía pedirles algo, pero que demuestran que hay relevo en la prueba que a todos gusta, los 1.500. Como en las chicas, donde se funden dos generaciones, la de Natalia Rodríguez, quien ya ha dicho que va a Londres a por una medalla, y Nuria Fernández con la de Isabel Macías, mediofondista tenaz y paciente, que no busca atajos.

O ese jovencísimo talento llamado Eusebio Cáceres. Un saltador de longitud de quien mucha gente dice que antes o después “la liará”. Hace unos días saltó 8,31 con un viento a favor ligeramente superior (+2.1) al permitido. Y las marchadoras, anónimas durante meses, que salen al centro de la escena durante los Juegos. Y luego está Bragado, que da igual lo que haga. Entra en sus sextos Juegos en forma y eso ya merece quitarse el bombín.

Seguro que hay quien echa en falta algún nombre. No es un descuido. A mí me ilusionan estos.